Verónica y Daniela en el sofá gris
Se sentó encima
Verónica subió al sofá. Se puso de rodillas a un lado de Daniela. Daniela estaba tumbada boca arriba. Su espalda descansaba sobre el cojín blanco. La pintura colgaba de la pared detrás de ellas.
Verónica se movió. Se colocó sobre Daniela. Sus muslos envolvieron las caderas de Daniela. Se sentó. Su peso descendió. Daniela no se apartó.
Los cuerpos se ajustaron. Verónica se inclinó un poco. Buscó un equilibrio. Su pelo oscuro cayó hacia delante. La cinta de sus bragas negras se marcó en la piel. La mano de Daniela subió. Su palma se posó en el costado de Verónica. Los dedos con tatuajes se abrieron. Se quedaron ahí.
Así empezó.
Verónica se mantenía quieta. Daniela tampoco se movía. La habitación era silenciosa. Solo el gris del sofá alrededor.
Minuto a minuto.
La respiración de Verónica era pausada. Su espalda se elevaba y bajaba. El tatuaje en su piel se desplazaba levemente. Daniela miraba hacia arriba. Su mirada estaba fija en algún punto por encima de ellas. Su otra mano yacía sobre el sofá, cerca de su cabeza.
El tiempo pasaba.
Nada cambiaba.
Verónica ajustó la posición de sus pies. Los dedos de sus pies se apretaron contra el tejido del sofá. Luego volvió a la quietud. La mano de Daniela en su costado no se retiró. La caricia era estática, una presión constante.
Así continuaron.
La luz no variaba. Los objetos en la habitación permanecían en su sitio. La mesa. Las sillas. Todo en espera.
Era un largo instante suspendido. Un paréntesis sin principio ni fin claro. Solo el peso de un cuerpo sobre otro. La quietud de dos figuras en el sofá gris. La mano en el costado. La respiración constante.
Nada más ocurría.

Se giró hacia ella
Verónica se giró. Su torso se despegó del de Daniela. La cara de Daniela quedó frente a la suya. Sus frentes casi se tocaron.
Daniela no apartó la mirada.
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Verónica bajó las manos. Las posó en los muslos de Daniela. Sus dedos presionaron la piel. Daniela alzó una mano. La dejó sobre la cadera de Verónica. La otra mano se quedó en el sofá.
Así estuvieron un minuto. Quizá dos.
Luego, Verónica movió un pie. Lo arrastró sobre la tela gris. Buscó un nuevo apoyo. Su cuerpo se inclinó. El peso cambió.
- Verónica ajustó la rodilla derecha.
- Daniela deslizó la palma de la mano por el costado de Verónica.
- Verónica apoyó más la mano izquierda en el muslo de Daniela.
- La cabeza de Daniela se ladeó levemente.
- Un mechón de pelo rubio cayó sobre su ojo.
- Verónica inspiró hondo. Su pecho se elevó.
- Los dedos de Daniela se cerraron un poco sobre la cadera.
El movimiento cesó. La quietud volvió. Solo se movía el aire.
El descenso
Verónica comenzó a bajar. Su cuerpo se hundió lentamente sobre Daniela. Se detuvo cuando sus bocas estuvieron a la misma altura. Sus labios no llegaron a tocarse.
Daniela alzó la mano del sofá. Acercó la yema de los dedos a la boca de Verónica. No la tocó. Los dedos se quedaron suspendidos. Después, bajó la mano. La colocó de nuevo en la cintura de Verónica.
La pausa
Todo se detuvo. No hubo más ajustes. No hubo más gestos. La luz era la misma. El cuadro en la pared no se movió.
Daniela miraba a Verónica. Verónica miraba a Daniela. La respiración de Verónica era audible. Daniela no apartaba los ojos. Los mantuvo fijos. No parpadeó.
El tiempo pasó dentro de esa quietud.
Volteó la espalda
Verónica giró sobre sus rodillas. Le dio la espalda a Daniela. El sofá crujió con el movimiento.
Daniela no se movió. Su mano izquierda seguía en la cadera de Verónica. La derecha quedó sobre el cojín.

Pasó un minuto. Quizás dos. La luz de la lámpara no cambió. La pintura en la pared siguió en su sitio.
Luego, Verónica se inclinó hacia adelante. Apoyó las manos en el brazo del sofá. Su espalda quedó arqueada. La cinta del tanga negro se le hundió en la piel. Daniela miró la espalda de Verónica. Miró el tatuaje.
Daniela se sentó. Se enderezó. Su espalda se despegó del cojín.
Verónica bajó los brazos. Se recostó de lado. Quedó junto a Daniela en el sofá. Sus cuerpos se enfrentaron.
Daniela levantó una mano. Tocó la cintura de Verónica. La acercó. Sus caras se juntaron. Empezaron a besarse.
No fue rápido. No fue lento. Fue un intervalo. Un par de minutos sin principio ni final claro.
Sus bocas se encontraron. Sus manos no pararon. Recorrieron espaldas, nucas, hombros. Daniela tiró del tanga de Verónica. La goma elástica se estiró y volvió a su lugar. Verónica enterró los dedos en el cabello claro de Daniela. Lo agitó.
Ninguna abrió los ojos. Ninguna apartó la cara.
El beso terminó. Se separaron. Quedaron mirándose. Respirando.
La mano de Daniela seguía en la nuca de Verónica. La de Verónica, en el hombro de Daniela.
Así estuvieron. El tiempo pasó. La escena no cambió.
Luego, Verónica se incorporó. Se puso de rodillas otra vez. Volvió a subirse encima de Daniela. Le dio la espalda de nuevo.
Así empezó y así terminó. Al principio y al final, las cosas en la habitación eran las mismas.
| Al principio |
Al final |
| Verónica arrodillada le daba la espalda a Daniela. |
Verónica arrodillada le daba la espalda a Daniela. |
| Daniela yacía recostada sobre el cojín blanco. |
Daniela yacía recostada sobre el cojín blanco. |
| El tanga negro de Verónica se veía intacto. |
El tanga negro de Verónica se veía intacto. |
Nada se rompió. Nada se ensució. Nada se movió de su sitio. La habitación guardó el mismo silencio de siempre.
De nuevo encima
Verónica se movió. Se separó de los labios de Daniela.
Se enderezó sobre sus rodillas. Daniela no movió las manos. Su palma quedó en el aire, donde antes estuvo la nuca de Verónica.
Verónica giró sobre Daniela. Le dio la espalda. La piel de su espalda mostraba el dibujo de la tinta. Se arrodilló de nuevo, esta vez con la espalda hacia el rostro de la otra.
Se sentó. Se hundió en el regazo de Daniela. Los cuerpos se encontraron de nuevo. Los muslos de Verónica presionaron los costados de Daniela.
Daniela bajó la mano. La posó en el muslo de Verónica. Sus dedos recorrieron la piel allí. No apretaron. Solo estuvieron.
Así se quedaron. No se miraron. El cuadro de la pared frente al sofá no cambió. La luz era la misma.
Minuto cuatro y veintidós.